sábado, 22 de julio de 2017

Relato: Fútbol. Recuerdos de un ascenso.

Aquel domingo de junio se adaptaba perfectamente a la canción Once jinetes que el grupo Banda Nocturna dedicaba al equipo de fútbol de la villa: un sol grande y brillante nace en el mar y es día de partido en el Molinón. Todo el mundo esperaba que la siguiente frase también se cumpliera: hoy hará historia un equipo campeón.
Desde primera hora de la mañana se respiraba tensión en el ambiente. La ciudad vibraba en espera del acontecimiento de la tarde. La gente inundaba las calles bien en dirección al estadio, que hacía días ya había colgado el cartel de “No hay localidades”, o en busca de un buen lugar donde esperaban disfrutar del partido.
No fue sencillo. Se pasaron muchos nervios durante los 90 minutos del encuentro. Un empate era suficiente para que ocurriese el milagro pero ni jugadores ni afición querían conformarse con eso.
Un gol en el primer tiempo calmó un tanto los nervios y dio un poco de respiro. El del segundo puso los corazones a cien y las ganas de celebrar a flor de piel. Aún así nadie quería lanzar las campanas al vuelo antes de tiempo.
Conocidos y desconocidos cruzaban miradas esperanzadoras sin atreverse a expresar en voz alta lo que todos deseaban, no sea que se gafara y quedara todo en agua de borrajas.
Con el pitido final se desató la euforia. Los nervios contenidos se liberaron y el estadio estalló en algarabía. En la calle la cosa no era muy diferente. Sidrerías y cafeterías, atestadas de gente ataviada con sus bufandas y camisetas rojiblancas celebraban por todo lo alto el ascenso del equipo a la elite del fútbol español. Nadie dudaba que ese era el lugar que le correspondía y el viaje de vuelta había sido muy duro.
Toda la ciudad se convirtió en una fiesta. Por todas las esquinas resonaba el himno del club y hasta en la estatua de un rey ancestral ondeaba la bandera. Cánticos, bailes, risas y hasta lágrimas; había que festejar. Adultos y niños, hombres y mujeres, no importa el color porque ese día, todos eran rojiblancos.
En la Plaza Mayor esperamos al equipo. Por una gran pantalla vemos como recorren el paseo de la playa en un gran autobús preparado para la ocasión. Y por fin llegan y se asoman al balcón. Tantos años viendo como otros llevaban a cabo ese ritual y, por fin, nos tocaba. Aún no nos lo creíamos. Allí estaban todos, jugadores, presidente, entrenador… y la ciudad a sus pies rindiéndoles un merecido homenaje.
Después a dormir. Al día siguiente era lunes y había que trabajar. Después a dormir pero, eso sí, con una sonrisa en la boca.


Geno Mesa Texto revisado, corregido y ampliado 24/06/2017
Fotos: Geno Mesa

4 gotitas:

chema dijo...

el sporting cae muy simpático por la afición que tiene. ya os veo a mis amiguitas asturianas cómo lo vivís. ;) estupendo relato!

Geno dijo...

Bueno, este año nos tocó vivir la experiencia contraria, espero que no tardemos mucho en repetir esto :-D

Zelgadiss dijo...

A mí lo que me fascina es que en Gijón todo el mundo va a muerte con el equipo, tu preguntas en Santander y del racing no es ni el tato! :/ Todos te dicen que del madrid o del barÇa...una verdadera pena.

Muy emocionante el relato, estaba ya situada dentro del Molinón mentalmente y todo! :p

Geno dijo...

La verdad es que por esa parte el equipo no puede tener queja. Aquí del Madrid, del Barça y del Atleti también hay pero eso sí ANTES siempre del Sporting.
Me alegro de que te haya gustado. Yo ese día fui de las que lo vio en una sidrería pero fue muy emocionante de todas maneras.